Diario analógico: El revelado de negativos

25 de Junio de 2017

Me aburro. No hay nada peor que un domingo de esos en los que al lunes le da por hacer una presión innecesaria. Escucho petardos de fondo. Los odio. Ya ha pasado San Juan y mi tolerancia hacia ellos se ha acabado. Necesito desconectar de ese ruido insoportable para mí.  ¡Espera! ¡Tengo un carrete por revelar! Venga, dale, que así de paso tienes una excusa para actualizar tu diario analógico. ¡Vamos con el revelado de negativos!

La preparación. 

En el cuarto de baño de mi casa, sin ningún tipo de glamour, preparo todo lo necesario: el tanque de revelado con mi carrete Ilford HP5 Plus dentro, probetas de dos tamaños, termómetro, revelador, baño de paro, fijador, agua destilada y mi líquido favorito, el agente humectante. 

Primero hago la mezcla 1+4 del revelador y en seguida lo meto en la nevera. Con este calor, ni me planteo que el ambiente esté a menos de 20ºC (tiempo necesario para el revelado en blanco y negro)… Mientras tanto, sigo con el resto de líquidos: el baño de paro, cuyo olor hace que inconscientemente aguante la respiración al abrirlo; y el fijador, del cual observo que me queda poco. Nota mental: Carolina, compra más antes de que se te gaste, que ya nos conocemos. 

Una vez preparados los líquidos, voy a la nevera a por el revelador. Introduzco el termómetro en el tanque y… ¿25ºC? ¿En serio? Maldito calor… Como si valiera para algo, abro el grifo del agua fría y lo dejo allí un buen rato… Pero como el que oye llover: 25ºC. Así pues, decido dejarlo 15 minutos en el congelador. 

Después de ese tiempo (y un poquito más) lleno de divagaciones, lo saco del lado de los cubitos de hielo. No llega a 21ºC. Dalo por bueno por que si no, estás así hasta mañana. 

El revelado. 

 

Antes de que el revelador se caliente, me pongo los guantes de goma y pongo en marcha la app Dev it! que me ayuda a controlar el tiempo en el proceso del revelado. Aquí procuro no entretenerme: guantes, móvil, apertura de tanque y volcado del líquido. ¡Comenzamos! 

Durante el primer minuto, agito constantemente. Para mí, es uno de los momentos en los que más presión siento y uno de los más importantes para el resultado final. Una vez finalizado ese tiempo, y durante los 5 minutos y medio restantes, me toca estar pendiente de agitar el tanque cada 30 segundos. 

Los 6 minutos y medio del revelado ya han acabado. ¿Cómo habrá quedado? ¡Qué nervios!
Cambio los líquidos, tiro el revelador a la botella de reciclar y vuelco el baño de paro en el tanque. No puedo con este olor, me comienzan a dar arcadas. Menos mal que sólo es un minuto y pasa rápido. Una vez pasa el mal trago, de nuevo, cambio de químicos. 

Por último, el fijador. Para mí, el más pesado, ya que son 5 minutos en constante agitación: los dos primeros los llevo medio bien: los tres últimos parece que me está creciendo a una velocidad acelerada mi “bola” del brazo. Pasado este tiempo, dejo reposar el tanque mientras aprovecho para recoger el resto de botellas que sé que no voy a utilizar más. 

Después de un tiempo prudencial, viene mi parte favorita: ¡el lavado! y con él, la primera toma de contacto de mi carrete revelado, en el que me encuentro con el momento de máxima impaciencia por ver el resultado final. Un buen baño de agua corriente y después agua destilada. Añadiendo unas gotitas de agente humectante para que no queden restos de químicos en el carrete. Os decía que es mi químico favorito porque con muy poca cantidad crea muchísima espuma, lo cual me parece divertido después de todo el proceso.

No sé si mi cuarto de baño opina lo mismo…

Así hemos acabado.

 

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